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Crítica: "El cuento de las comadrejas”

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Publicado: 15/05/2019

Las comadrejas americanas o zarigüeyas son unos bichos de bastante mala 
fama, adquirida por su aspecto desagradable, similar a grandes ratas, y 
la fea costumbre de alborotar gallineros invadiéndolos para arramblar 
con todo lo que pueden. Esa es la imagen que el argentino Juan José 
Campanella elige para definir la situación que narra en su esperada 
vuelta al cine después de ganar hace diez años el Oscar con “El secreto 
de sus ojos” y de incursionar en el cine de animación con “Metegol/ 
Futbolín”.

“El cuento de las comadrejas” (2019) es el remake de “Los muchachos de 
antes no usaban arsénico”, película argentina que se estrenó en 1976 y 
que es obra de José A. Martínez Suárez. Campanella reescribe el guion 
original junto a Darren Kloomok para actualizarlo y pulir algunos 
aspectos que resultarían inapropiados hoy en día. El resultado es una 
divertida comedia negra y de suspense que homenajea con múltiples 
referencias al cine en general y al nacional en particular.

Mara Ordaz (Graciela Borges) es una vieja gloria del cine nacional que 
en el pináculo de su éxito ganó un óscar por una de sus 
interpretaciones. Convive junto a su marido Pedro (Luis Brandoni), un 
actor secundario devenido artista plástico que se desplaza en silla de 
ruedas, Norberto (Oscar Martínez), quien fue director de sus mayores 
éxitos y Martín (Marcos Mundstock), guionista de los mismos. Olvidados 
por el público, habitan en una vieja, aislada y un tanto decadente 
mansión en la que ocupa un lugar preferencial la codiciada estatuilla.

El equilibrio de la convivencia, en la que parece no pesar la mordacidad 
que los cuatro emplean con los demás y en la que el divismo de Mara se 
ve como algo natural, se altera cuando llegan a la casona Francisco 
(Nicolás Francella) y Bárbara (Clara Lago) dos jóvenes emprendedores 
inmobiliarios. La propiedad despierta la codicia de los empresarios que 
ponen en marcha una burda estrategia de adulación exagerada hacia Mara 
para tentarla con la posibilidad de reactivar su carrera. Para ello 
sería necesario volver a vivir en un lugar más céntrico donde tanto 
público como empresarios volvieran a tenerla presente. Mara caerá en la 
tentación de recobrar la fama perdida aunque eso suponga perder a sus 
compañeros de la vida.

La falta de escrúpulos de los especuladores solo tiene parangón con los 
esfuerzos de los tres hombres que no parecen tener demasiados reparos 
éticos a la hora de defender su manera de vivir.

Campanella, a pesar de hacer un remake de una obra conocida, le pone su 
sello personal a la cinta. El guion minuciosamente pulido y la impronta 
particular de cada personaje, hablan del cuidado que ha puesto el autor 
en su trabajo.

Mención especial requieren las actuaciones. La sinergia entre el guion y 
el trabajo actoral potencia el resultado. Los diálogos afilados, el 
humor ácido e irónico, permiten el lucimiento de los actores que, a su 
vez, dan brillo a muchas escenas. No se quedan atrás Nicolás Francella 
ni la española Clara Lago, que adopta para la ocasión un acento porteño 
encomiable.

Las referencias cinematográficas son continuas. Desde la obra original 
hasta el patetismo de la diva de “Sunset Boulevar” o las referencias de 
los cuatro protagonistas, todos trabajadores del séptimo arte.

La cinta habla de muchos temas que van desde la vejez y el olvido que 
conlleva, de las nuevas formas de vivir, de los negocios poco éticos. 
También habla de la amistad forjada a lo largo de la vida, de la 
tolerancia de los defectos ajenos, del espíritu de familia aunque no sea 
el tradicional.

“El cuento de las comadrejas” es un cuento bien contado. Las habilidades 
de su autor como narrador se lucen a pleno y logra una película que 
entretiene, emociona y divierte a partes iguales. Para completar eso, 
cuenta con actuaciones antológicas. Para ver y disfrutar.

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