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Diego Galán y su visión del Festival de San Sebastián

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Publicado: 15/04/2019

El crítico, escritor y realizador de documentales Diego Galán, dos veces director del Festival de San Sebastián y creador del Premio Donostia, falleció a los 72 años en Madrid. Nacido en Tánger, dedicó su vida al cine, como crítico primero y ocasionalmente tras la cámara, casi siempre en el género documental. Tras pasar por la revista Triunfo, se convirtió en Columnista del diario El País, puesto que dejó para asumir la dirección del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el más importante de España, en 1986.

 

Estuvo a cargo del certamen donostiarra en dos etapas, de tres y seis años respectivamente, entre los años 80 y 90. A él se debe la creación del Premio Donostia, que llevó a la ciudad vasca a grandes figuras del cine, desde Bette Davis a Gregory Peck, y que dejó en herencia a sus sucesores. En los últimos años dedicó su tiempo a la escritura, las colaboraciones radiofónicas en Radio Nacional y los documentales retrospectivos sobre el cine español, tema en el que era experto.

 

Reproducimos una entrevista que mantuvo Jon Apaolaza con Galán hace seis años, sobre su experiencia al frente del Festival de San Sebastián:

 

- ¿Cómo ve la evolución del Festival de San Sebastián desde que dejó la dirección?

Yo seguí diez años trabajando con Mikel Olaciregui, y he vivido desde dentro la evolución. Ahora, con el nuevo equipo de José Luis Rebordinos, más joven, más dinámico, más emprendedor, puede que tome un nuevo rumbo, pero durante el tiempo anterior se ha seguido el mismo esquema que creamos en los años en que yo lo dirigía. No ha variado en nada, o no en lo fundamental. Y me parece que es un festival que sigue creciendo, con cada vez más repercusión internacional.

 

- Renovarse o morir...

Tengo mucha esperanza en el nuevo equipo, porque aunque Rebordinos ya trabajaba en el festival desde el 95, que es cuando le ofrecí que colaborara con nosotros, tiene un nuevo espíritu. Creo que es muy bueno que el festival cambie de cabeza de vez en cuando. De hecho yo dimití dos veces. Porque cuando se transforma el trabajo en costumbre, cuando acabas siendo casi un funcionario, hay que dejarlo inmediamente, para que venga otro y lo renueve, y traiga otro tipo de ambiciones. Al menos en mi experiencia, esta labor acaba produciendo ese abotargamiento, esa inercia, y cuando trabajas con inercia es muy malo.

 

- Me da la sensación de que el esquema internacional de los festivales está muy cerrado y no hay lugar para ascender peldaños o posiciones como en un ranking. Hay mucha gente que piensa que con usted al frente San Sebastián tocó techo y no se puede aspirar a brillar más.

Creo que depende de dónde quieras brillar, y cuáles sean los objetivos que tengas. No creo que todos los festivales del mundo, que son muchísimos, quieran hacer lo mismo y ser todos Cannes, que es el más importante. Hay festivales extraordinarios en todas partes, que se dirigen a otro público, y no quieren ser Cannes. Efectivamente San Sebastián está muy pegado a otros festivales, pero en cualquier otro mes del año estaría pegado a otros festivales. No hay ningún mes o momento en que se esté libre de contagio con otras manifestaciones de cine.

 

- Nunca se plantearon cambiar a otro mes donde no existieran unas competencias previas en fechas tan importantes como Venecia y Toronto, este último incluso quitando la primicia de estrenos españoles a San Sebastián...

Sí se planteó un cambio de fechas, pero no creo que tenga mucho interés. 

Por otra parte cada ciudad tiene sus condiciones, y el buen tiempo en San Sebastián es primordial. No se puede hacer en meses de frío, lluvia y galernas... Hay que hacerlo cuando corresponde a la ciudad. Y en el momento en que corresponde a la industria, y septiembre es un mes de promoción y apertura, mientras que julio no lo sería, y mucho menos febrero que es cuando se realiza Berlín, con frío y bajo muchos grados bajo cero. Otra cosa es que quieras ser como Toronto o como Venecia. Con Venecia sí puede haber similitudes, pero con Toronto ninguna. Es un gran mercado, extraordinario, que ha tenido un nivelazo para el público norteamericano importante. Pero no se puede pretender desde Guipúzcoa atraer a la industria norteamericana, con la misma facilidad de Toronto, que lo tienen al lado.

 

- Plasmó esa experiencia donostiarra en el libro "Jack Lemmon nunca cenó aquí". ¿Se dejó algo en el tintero, sobre todo la parte menos dulce de esa experiencia?

No creo. Sí se hacía mucha referencia a los malos ratos y las dificultades que había, y a las movidas callejeras por motivos políticos... Creo que lo que escribí es todo lo que recuerdo.

 

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