Noticias

Volver

Fernando León de Aranoa escribe sobre el estreno de "El buen patrón"

NOTICIAS

Publicado: 13/10/2021

Por Fernando León de Aranoa *

   Hábil, divertido y manipulador, "El buen patrón" es el que truca la 
   balanza, el que mueve los hilos de esta función. Su empresa produce 
   básculas industriales, pero la que preside el acceso principal de la 
   fábrica, un antiguo modelo de dos platos, está torcida.

   Blanco es un personaje carismático, un jugador de ventaja que se mete 
   sin pudor en la vida de sus trabajadores para mejorar la productividad 
   de su empresa, cruzando todas las líneas éticas, y sin posibilidad de 
   retorno. Un personaje al que, pese a su amoralidad, sentimos cercano. 
   Acaso un retrato de lo que somos, o de lo que tememos llegar a ser. 
   Protagoniza un relato tragicómico del maltrecho ecosistema laboral, sin 
   héroes ni villanos, alejado de cualquier maniqueísmo. Una comedia ácida, 
   gris oscura, casi negra. Una mirada corrosiva sobre las relaciones 
   personales y laborales dentro de una empresa familiar que ocupa a un 
   centenar trabajadores.

   "El buen patrón" es en cierto modo el contraplano de "Los lunes al sol", 
   su reverso tenebroso. Si aquella película se ocupaba del desempleo, esta 
   describe el precario paisaje del empleo con parecidas claves estéticas y 
   narrativas: un relato coral tejido de historias que se entrelazan e 
   interactúan perversamente, atravesado por la seductora personalidad de 
   Blanco.

   "El buen patrón" es un retrato de la despersonalización y el deterioro 
   de las relaciones laborales, paisaje de un tiempo en el que los 
   anticuados conceptos como solidaridad, ética o bien común parecen haber 
   sido borrados del mapa del empleo por la lógica del beneficio y la 
   precariedad.

   El imaginario de las balanzas, metáfora universal de la Justicia, 
   enmarca el conjunto: Blanco trata a toda costa de devolver el equilibrio 
   financiero a su empresa, aunque para ello tenga que trucar los platos.

   Creo posible un cine complejo y ambicioso artísticamente, que deje 
   constancia de quiénes somos, del momento que vivimos; y que a la vez 
   divierta, intrigue, emocione. Y que lo haga con humor, con ligereza a 
   veces, con filo; pero sin renunciar al compromiso, a la verdad y a la 
   poesía. Que busque en las raíces de lo que somos la hipótesis de lo que 
   seremos un día. Un cine con ventanas a la calle, que se ocupe de lo que 
   sucede afuera, en las aceras del país que somos; en nuestras casas, en 
   nuestros dormitorios, en nuestros centros de trabajo. Visualmente, "El 
   buen patrón" pretende una transparente sensación de realidad, sin 
   renunciar por ello a una imagen brillante, sofisticada. La fotografía de 
   Pau Esteve retrata con elegancia el paisaje frío, industrial, sobre el 
   que se dibuja y resalta la calidez de los personajes y sus conflictos.

   El lenguaje de la cámara, simétrico, horizontal y armónico al principio, 
   reflejo del perfecto equilibrio que Blanco ha alcanzado en su vida 
   personal, y en su fábrica, entre sus trabajadores, se vuelve más 
   dinámico e inestable a medida que avanza el metraje. El vértigo de la 
   cámara en mano sustituirá a la horizontalidad de las primeras imágenes, 
   acompañando la deriva de su protagonista.

   También la música de la película lo hace; juguetona y amable al 
   comienzo, aparentemente liviana, se irá desenmascarando en la misma 
   medida que lo hace Blanco. Es la banda sonora de Zeltia Montes una 
   prodigiosa reescritura musical de mi guion, una segunda piel de la 
   película, que capta la complejidad de su tono, su difícil equilibrio.

   La acción transcurre en la periferia industrial de una ciudad de 
   provincias, en su paisaje horizontal de pabellones grises, impersonales. 
   En la nave central de una fábrica, en sus pasarelas altas. Y en sus 
   talleres, goma negra y acero. Entre el estruendo que produce la 
   maquinaria pesada, en la que se afanan hombres y mujeres con auriculares 
   de protección. En almacenes y muelles de carga de mercancía, rampas de 
   cemento, palés y camiones de gran tonelaje. César Macarrón es el 
   responsable de esta tarea titánica: la de haber devuelto la vida a una 
   inmensa fábrica cerrada, en la periferia de Madrid.

   Mientras tanto, un hombre sin nada que perder acampa frente a las 
   instalaciones de lo que una vez fue su trabajo, poniendo en peligro los 
   planes d El buen patrón. Rompen los colores estridentes de sus pancartas 
   y de su tienda de campaña la monotonía gris del paisaje fabril, su 
   pretendido equilibrio.

   El mejor humor, el que mejor resiste el paso del tiempo y las fronteras, 
   es el que surge el drama, porque no es coyuntural: nos habla de la 
   naturaleza humana. Surge de ese trabajador desesperado que lanza 
   consignas que apenas riman con un viejo megáfono, cada vez que el patrón 
   entra y sale de la fábrica. De su fragilidad, de su soledad forzosa, de 
   su lucidez trágica. Otras veces surge de la ternura: de su relación con 
   el vigilante jurado que cuida de la puerta, que comparte con él café y 
   conversación a escondidas, por miedo a las represalias.

   Hay humor también en la amoralidad del patrón, en sus manejos y 
   desmanes. Y es que uno mismo es siempre la primera víctima de sus 
   acciones. Blanco no saldrá indemne de ellas. La película se va 
   oscureciendo con cada decisión que los personajes toman. Y así, sin 
   perder la sonrisa, el último acto de esta historia se vuelve thriller, y 
   después tragedia.

   De todos los retos que asumíamos, quizá ese, el del tono, haya sido el 
   más arriesgado. Humor y dolor: la cantidad exacta en cada plato. Celos, 
   abuso, traición, poder, vasallaje, rivalidad, venganza, ambición, sexo, 
   e incluso la muerte, todos los grandes temas de las tragedias clásicas, 
   caben en el enrevesado entramado de intereses, mezquindades y ambiciones 
   de una pequeña empresa de fabricación de balanzas, en una ciudad de 
   provincias cualquiera.

   Esta es su historia.

   (*): El director, guionista y productor madrileño Fernando León de 
   Aranoa estrena este viernes la película que representará a España en la 
   carrera por el Oscar internacional, su tercera colaboración con Javier 
   Bardem, tras "Los lunes al sol" y "Loving Pablo".

   © ViendoMovies-NOTICINE.com